Me duele la espalda.
Este post lo debí de haberlo publicado el dia de ayer. Es algo muy curioso el hecho de vivir: muy pero muy curioso.
Me gusta mi vida, me quejo solo como catársis pero en sí, trato de cambiar el rumbo equívoco que en ocasiones toma, caminos los cuales mis demonios habían trazado con tanta astucia, meticulosidad y empeño a derribar mi empresa: Ser Inmortal.
Justamente el dia de ayer me topé con uno mas de mis demonios: la envidia. Considero que éste es uno de los mas peligorsos ya que te abraza con sus razones y te coloca una venda en los ojos llena de pensamientos que obstruyen la felicidad del presente; el dia de ayer me hice amigo de tal demonio.
Mi demonio de la envidia… ¡Cómo te envidio! Te atreves a penetrar en mi pensamiento, ya saturado de rutinas y preocupaciones, de horarios y de tareas; mientras tanto, silenciosa y lentamete diluyes en mi mente tu veneno y me haces vivir el presente de una manera vana y hueca, sin pensamiento alguno y saturado a la vez; me das de beber del dulce néctar de la fantasía y lo imposible…¿Por qué? ¿Por qué me haces esto?
Yo, que trato de vivir en el sendero de la verdad, me veo perturbado por ti, que en tu ocio te ocupas de acrecentar mis penas rutinarias… Dime ¿Qué ganabas el dia de ayer en inyectarme con tu ponzoña? ¿Acaso no es suficiente el pelear dia a dia con mis otros adversarios?
La pereza, la soberbia y la lujuria son mis oponentes en el sendero hacia la Inmortalidad, ya viejos enemigos conocidos, pero ninguno tan silencioso como la envidia.
Lo recuerdo como si fuese hace algunos momentos: me dirijía a mi auto en el estacionamiento subterráneo, de repente, veo una figura de un hombre tendido en el piso, como si estuviese listo para ser sepultado; sus piernas juntas, manos sobre su estómago y con la gorra tapándole la cara…¡Dormía el infeliz! ¡Dormía a plena luz del dia! ¡Mientras el mundo lo esperaba todo, todo lo que yo pudiese ofrecer! Mi sueño, mi energía, mis neuronas, mi vista y demás sentidos… En ese preciso momento, momento en que estaba dispuesto a continuar dándolo todo, apareciste tu, ingrato, vano y triste pensamiento, al incrustar en mi semblante una figura de asombro hacia aquél indigente, el cual, irrradía una calma y paz extraorbitante.
Acto seguido, levantóse y saludó con un ademán de gentileza. Descansado y listo para seguir cuidando de los autos, se dirigió hacia su bote de pintura, flexionó lentamente las rodillas y tomó asiento en el trono de su libertad, en espera de su remuneración por el arduo trabajo realizado.
Antes de subir a mi auto, tomé a la envidia de la mano, disfruté de su hermoso sentir y me sumergí en un sinfín de pensamientos fantasiosos que me harían divagar por el resto de la tarde… ¡Que dulces son sus brazos! ¡Hermosos pensamientos los que extrae de tu mente para plasmarlos en el pergamino de la fantasía! Y conociendo el crimen que cometía, aún así soñé y soñé con la Libertad, aún cuando el sol ya se había ocultado mi mente se ocupaba de anhelar y tratar de imitar ese sentir que sólo la libertad te puede otorgar.
Solo un pensamiento hace que me despoje de esa dulce voz que la envidia susurra a mi oído y me desata de los lazos de su esclavitud para ser libre en el momento, pensamiento que me revive y me hace retomar mi empresa hacia la Inmortalidad…“En lo eterno no hay futuro, no hay nada mas que presente”.

Creo que yo también seguiré un buen consejo y me haré una cama de tabla… Pero como no tengo dinero, mejor dormiré en suelo, sobre el comfort de la libertad.