
Ahora estaba viendo una película china en la que salían guerreros montados en caballos y luchaban a espadazos; volaba sangre por doquier y lo mas impresionante es la actitud de los guerreros hacia con sus enemigos. Se respetaban el uno al otro, no había ataques a la espalda o a tración: existía la palabra y el honor.
Me hubiera gustado muchísimo haber nacido en tiempos de los griegos, en tiempo de los ninjas o ya si no hay lugar entonces en los de los caballeros de la edad media, pero me tocó nacer en los tiempos en que el honor ya no existe, es solo una pequeña cátedra que se aprende sólo en el cine o en viejos libros de guerra y cuentos de caballeros medievales.
El hombre de ahora no se preocupa por mantener limpio su honor, mas bien por cuidar su “imagen”; el hombre del hoy no le interesa aprender artes de guerra ni saber hacer un nudo o un amarre, sino mas bien le preocupa en donde va a pistear ahora en la noche y no perderse el partido con los compas.
Yo, por lo tanto, cada vez que recuesto mi cabeza para visitar a Morfeo, es como si ensillara mi caballo y me preparar para librar una batalla mas.
Es indescriptible el sentimiento de estar en medio de una guerra: la adrenalina, el miedo, el coraje, la ira, el amor y la esperanza, todo esto mezclado con sangre y tierra; la satisfacción de ver a tu enemigo estrellarse en el muro de concreto por obra de tu mano, el gusto de deshacer su cráneo con tus dedos y arrojar sus restos al precipicio como si fueran escombro…Oh si, soy malo y disfruto el serlo hasta la última gota de sangre derramada por el infame que me ha retado.
Llega la mañana y solo vanos recuerdos de tan violenta batalla circundan por mi mente… De nuevo al mundo de las corbatas y los buenos modales, de nuevo a las batallas entre reportes y a la despesperación por regresar a mi mundo donde soy feliz, destazando a la injusticia, miembro a miembro.





