Ya con rato sin escribir, no se cómo vaya a salir este post, pero lo que sí puedo afirmar (con toda la certeza del mundo) es que me hormiguean los dedos por escribir.
Algo loco en el aire rueda. (Primera parte).
Algo loco en el aire rueda por la azotea del niño, que yace cansado en su cama. Sin poder conciliar el sueño se levanta y mira hacia la ventana, separando con sus tullidos dedos la persiana. Hacía un frío polar, y el cielo, que reflejaba la luz del urbe, amenazaba con fuerte lluvia.
Súbitamente, miles de imágenes cruzan por su mente, mente de niño, toma una mano con la otra y sopla para calentarlas, aún viendo hacia afuera por la ventana: su corazón derrepente salta de la emoción al recordar esos momentos en que feliz transitó por la tierra, momentos que nunca se volverían a repetir y que de cierta manera (una muy nostálgica) extraña.
Sigue mirando hacia el candil que apenas alcanza a tocar con su luz el pavimento ya un poco húmedo por la brisa que se aproxima.¿Qué no iba a llover? – Se preguntó el mocosillo, ya que él sabía que un aire de lluvia es muy diferente a un aire de simple frío y brisa. Extrañado, salió de su cuarto, no sin antes ponerse sus pantuflas y su chamarra con gorrito, ya que mamá lo regañaría si llegara a enfermarse.Acto seguido, al salir del cuarto mira a su alrededor… Todo el mundo duerme y solo la pequeña luz de la lámpara alumbra la salita que está subiendo las escaleras. Con unos pasitos delicados, se dirige a la puerta de vidrio, que da hacia la terraza; una brisa espesa cubre ya toda la manzana camina libremente por las calles, como si fuera el velador de la cuadra.
-¡Algo loco en el aire rueda por la azotea! – Se dijo el niño: su curiosidad inocente le empuja a subir las escaleras que llevan a la azotea de su casa.Ya estando arriba, se da cuenta que es casi imposible ver a unos metros, ya que la brisa es demasiado espesa; apenas alcanza a ver la luz de los faroles que se dispersa entre la misma brisa.
-¿Quien eres? – Se escucha una voz entre la brisa.
-Soy Alex, ¿Quien eres tú? – Responde el niño.
-¿¡Que quién soy yo!? ¿Que tipo de pregunta es esa? – Responde la voz.
Alex, extrañado por la exclamación de la voz, guarda silencio, ya que vislumbra una pequeña silueta entre la niebla, de un tamaño muy similar al de él, aunque un poquito mas alta.
-Mi nombre es Ita, como cancioncita, y tú eres Alex, como los pañales -
Al mismo tiempo que estalló en carcajadas por su grandiosa introducción, la pequeña figura tomó forma: era una pequeña, vestida de una manera muy sencilla; medias blancas, zapatos blancos domingueros, vestidito blanco con un listón rosa claro y un pequeño chalequito rosa. Su cara limpia como un día claro en Abril; sus bucles dorados hacían de esta imagen lo último que la brisa descubrió de la silueta misteriosa.
-Yo no soy como los pañales, ¿Y por qué me dices así?-
-Yo solo digo lo que pienso, !Y yo pienso lo que tu piensas!- Responde la niña.
Asintiendo la cabeza, Alex decide terminar la pequeña discusión, y se propone a averiguar de esta pequeña niña de azotea:
-¿Qué haces tan noche en una azotea? Te va a regañar tu mamá si te llegaras a enfermar.- Le dice Alex.
-Ella misma me mandó aquí, quiere que nos conozcamos.-
-¿Y por qué? Pregunta el chamaco.
Ella, lo mira directamente a los ojos, con una mirada juguetona y muy misteriosa.
-Vengo a enseñarte lo que ya conoces, pero no sabes su nombre, vengo a mostrarte lo que ya haz visto, pero no observado, y vengo a enseñarte a que escuches el sonido de lo etéreo…